No creo que sea coincidencia, que justo el día que tenemos
esta gran luna de solsticio de verano, a mí se me ocurra repensar una vida
entera.
Las últimas semanas ha sonado ese timbre, sobre vivir en comunión
en cuanto a lo que se dice y lo que se hace. Lo que se siente y lo que se
piensa. Y en comunión con uno mismo al no mentirse. NO MENTIRSE ni mentirles a
los demás. Pero ¿hasta que limite esto de no mentirle a otro incluye darle toda
la información que posees en tu cabeza (y a veces en tu corazón)? Pues yo creo
que esa es la parte que me cuesta, porque yo pienso, pienso, repienso y lo
vuelvo a pensar; y luego de una semana (tal vez) estoy segura de dar la octava
parte de la información que he procesado. Esta ha sido una costumbre, o más
bien un hábito de toda la vida, que abandone por una década entera, y ahora lo
estoy retomando, no sé muy bien por qué pero tiene que ver con que uno es dueño
de lo que calla y esclavo de lo que dice. El plus de el asunto, es que gracias a esto, a las
peores situaciones las logro llevar de forma diplomática y hasta amena. ¿Hipocresía?
No tanto así, más bien es un límite bien trazado para lograr vivir en paz.
Y el riesgo en todo caso, es que me pierda de las grandes
oportunidades de la vida, esas que si no agarras se te escurren entre los
dedos.
Pero ahora estoy sentada en el borde de la piscina tratando
de reflejarme en el agua. Y aun no me decido a lanzarme porque creo que me
falta encontrar algo más en mi reflejo. Aun no me encuentro del todo.
Hasta este punto tengo tantos sentimientos encontrados que
siento que me falta poco para explotar, pero la impaciencia en el pasado me ha traído
grandes problemas y creo que ya es momento de dejar de ignorar todos los
aprendizajes que me ha traído la vida, a las buenas y a las malas.
Quiero quiero quiero. Sí, quiero muchas cosas, pero también debo
hacer muchas cosas antes. Y la primera cosa que debo hacer, es reencontrarme
conmigo misma, volver a enamorarme de mi misma, ser feliz por mí y por nadie más
(¿qué pequeño el reto no?). Dicen que la vida es para vivirla, y yo he pasado
10 años muriendo de a poquitos. No quiero ser dramática pero es cierto, hace 10
años era una persona muy diferente, muy segura, podía comerme el mundo si me lo
proponía. Hoy me limito a pararme en el rincón y esperar que algún alma
caritativa me invite a bailar. Y DEBO DEJAR DE HACER ESTO. No puedo vivir así.
Pero la verdad es que a veces necesito un empujoncito, y de
esos se encarga la vida siempre. ¿Sino como creen que estoy aquí escribiendo
todo esto?
No hay comentarios:
Publicar un comentario